Texto: María Portilla

Soy una persona positiva, idealista y generalmente estoy de buen humor. Sin embargo, por alguna razón, desde que empezó el año 2018 ni yo misma me aguantaba.

Entonces probé varios remedios: salir a correr, tomar clases de yoga, seguir alguno que otro consejo de alimentación, hacer meditación. Nada parecía funcionar, así que, indagando en mis malos humores, llegué a la conclusión de que mi depresión-con-enojo-acumulado se debía a la frustración de mis —poco exitosas— reuniones con instancias gubernamentales. Exploté saliendo de una junta con el Consejo Ciudadano, para concluir que hice todo lo que estuvo en mis manos para que este gobierno nos apoye por la vía “legal” (asumiendo que ese sinuoso camino llega a algún lado en este país).

La fórmula siempre es la misma:
a) Con mucho esfuerzo logras agendar una cita. Llegado el día, normalmente te hacen esperar más de una hora… o ese mismo instante te la cancelan. Como si tu tiempo no valiera.
b) Una vez en la reunión, el funcionario —como buen mexicano que no sabe decir que no—, te promete apoyo y lo necesario para atacar una problemática (que su propia institución tendría que atender en primer lugar, en vez de olvidarla olímpicamente).
c) Lo buscas cada semana por un tiempo aproximado de 6 meses y siempre te contesta que está en ello. Hasta que por fin llega el día en que te dice que ya no está en ese puesto y ahí muere. Si no te lo dice él, te lo dice su cordial secretaria (una víctima más del ineficaz sistema y del no tan cordial licenciado). Y vuelves a empezar. ¿Con qué ganas? ¿Con qué motivación? Con ninguna, más que con las ganas de que tu ciudad funcionara como muchas otras, donde los periódicos callejeros cuentan con el respaldo de su gobierno.

Me encanta la Ciudad de México, nunca deja de sorprenderme, jamás me cansaré de disfrutar su pluriculturalidad. Pero también me gustaría que sus políticas públicas, trámites y burocracia funcionaran de otra manera.

Tú, querido lector, ¿no has soñado con que tu ciudad —y sobre todo sus instituciones— funcionen con eficiencia?

¿O será que simplemente debo cambiar de yoga?

Resignada