Texto: María Portilla
Foto de portada: Dr. Alderete

Me cuesta pensar en el futuro, sobre todo en uno positivo en estos momentos. El futuro de seres controlados que planteaba Aldous Huxley en A Brave New World; y el de seres vigilados que imaginó George Orwell en 1984, los vivimos ya desde hace algunas décadas, y sus efectos son cada vez más pronunciados y acelerados.

El sistema capitalista mueve la economía y la política con ayuda de la cibernética, lo que hace posible controlar países enteros. Mientras tanto, para los ciudadanos de a pie, la chuleta es cada vez más inalcanzable, y para corretearla hay que acelerar el paso como nunca antes. Sobrevivir económicamente exige trabajar a un ritmo inhumano; la carrera de la rata hoy tiene consecuencias desastrosas. Y, al mismo tiempo, sumidos en la dulce complacencia que esa misma cibernética pone a nuestro alcance 24 horas al día, muy pocos ofrecemos resistencia. Sucumbimos hipnóticamente, regalando a diestra y siniestra la información que hace posible ese control.

Hace algunos meses me resistía a estar conectada todo el tiempo, a tener correo y miles de aplicaciones en el celular, quería estar más en el presente, en el plano existencial real, pues es algo por lo que apela Mi Valedor: por realmente observar la cotidianidad, la belleza y humor que tienen la ciudad y sus calles. Además de provocar encuentros y regalarnos la oportunidad de voltear a mirar al otro y, por ende, empatizar.

Ahora estoy inmersa en el tornado cibernético y soy parte de lo que este provoca: seres sin memoria, dependientes; tengo el sentimiento de necesitar conectarme como necesito el latido de mi corazón; le he puesto más atención a este ritmo que al de mi respiración y he acelerado mi fluir. No logré la resistencia porque, lamentablemente, esta es la manera de sostener a una empresa social y conseguir el capital monetario que la mantendrá a flote.

¿Qué pasa con quienes no tienen contacto alguno con la realidad cibernética? ¿Se convierten en el salvaje del libro de Huxley al que nadie puede entender ya? ¿Los dejamos atrás? ¿No existen en nuestro imaginario porque no tienen una identidad digital? ¿Quiénes son los seres que sobrevivirán al apocalíptico futuro?

Tal vez las personas y comunidades que han sobrevivido a este sistema capitalista, como los valedores, son quienes más se adaptarían a sobrellevar una catástrofe real. Por ser grandes observadores de las calles y lo que pasa en la vida real, porque saben dónde sale y se esconde el sol, porque tienen una brújula interna y no necesitan de mapas, porque saben dónde se consigue agua y los elementos realmente vitales… Son personas que no necesitan de esos aparatos que nos han hecho seres inútiles y dependientes de máquinas para resolver cosas.

En fin, disfruten esta edición, reflexionemos sobre el futuro que ya llegó—a fin de cuentas es el único que tenemos— y pongámosle humor al presente, que se va rápido, rápido.


María Portilla (México, D.F. 1988) Editora y directora de Mi Valedor. Pintora y restauradora, su pintura se enfoca principalmente en el retrato contemporáneo. Navega en mares defeños. @mariaportilla1