Texto: Frida Valentina Oro Ramos
Fotos: Archivo Mi Valedor

Mi historia comienza quizá como tantas otras: con una inquietud y una aventura. Tengo 24 años y desde hace un año supe del proyecto de Mi Valedor por una red social. Llamó mi atención al leer las historias de vida de José, Francisco, Adasha –quien es la primera mujer valedora–, Isaías, Alfredo, Camaxtli y Cristian. Todo lo que sabía de ellos era a través de un monitor y la pantalla de mi celular. Seguía a diario las notificaciones y las frases que posteaban. Para mí era como seguir a tu artista favorito.

El estado de Guanajuato se localiza a 380 kilómetros de la CDMX. En camión son cinco horas y el boleto no es muy barato, pero si llevas la aventura en tus venas y buscas opciones un poco más baratas que te lleven hasta la metrópoli, sabes que no es tan difícil. Me puse a ahorrar para mi pasaje. Por fortuna, mi tía Melissa me habló diciéndome que si me iba unos días para la CDMX y pensé: “Esto ya se armó: tengo dónde dormir y comer el tiempo que esté allá”.

Así fue como me subí al camión y emprendí mi viaje. En mi mochila no llevaba más que mi cámara y un papel con la dirección de la oficina de Mi Valedor. Al primer valedor que anduve buscando fue a José Santillán. Lo busqué en la Plaza Río de Janeiro, la Plaza Luis Cabrera y el Parque México. No lo encontraba por ningún lado, pero algo que me dejó el Sr. José sin saberlo fue que caminé lo mismo que él, y eso me hizo entender su trabajo. Finalmente, el día miércoles 14 de febrero Cupido se apiadó de mí pues, de tanto recorrer la calle Bucareli y perderme debido a un plantón cerca de la oficina de Mi Valedor, mis ánimos estaban dejándome y mis pies cansados ya no me aguantaban. Fue así como vi a un policía parado afuera de una barricada.

Me acerqué a él y le pregunté: “¿Dónde queda la calle Bucareli #69?”. El policía me preguntó: “¿Qué andas buscando?”. A lo que respondí: “La oficina de Mi Valedor. Es un proyecto que se dedica a dar trabajo a personas en situación de calle”. Pareciera que estas eran las palabras mágicas pues el policía me sonrío, cambió la expresión de su cara y me respondió: “Ven, te voy a indicar dónde está”. Yo iba caminando aprisa para seguirle el paso mientras él me decía: “Hace un rato que salieron dos señores de ahí. Ya es tarde, no creo que los encuentres, pero igual toca a ver qué te dicen”. Cuando paramos en la esquina le di las gracias sonriendo, juntando mis manos, y me despedí de él.

Crucé la calle para ir a la oficina. Mi corazón latía rápido y mis ánimos habían vuelto. Al estar parada frente al edificio sonreí como cuando vez al amor de tu vida. Noté que el horario era de diez de la mañana a dos de la tarde. ¿Cómo iba a encontrarlos si ya eran las siete de la noche? Pero Cupido de verdad que no me dejó, ya que dos mujeres se acercaron a la oficina, tocaron y les abrió una chica rubia. Mientras tanto yo observaba y escuchaba lo que decían.

Cuando oí el nombre de Adasha me acerqué a ella y le pregunté: “¿Usted es Adasha?”. Ella me miró, sonrió y me dijo: “Sí. ¿Vienes a sacar cita para vender?”. Yo le respondí que sí, que me interesaba. Ella se acercó a Paula y le dijo: “Mira, aquí hay una valedora. Quiere saber del proyecto”. Debo confesar que estaba nerviosa y las palabras se me revolvían, pero eso no me impidió que dijera la verdad. Al acercarme a Paula le confesé: “La verdad, vengo desde Guanajuato, de un municipio que se llama Comonfort. Mi nombre es Frida Valentina. Acabo de terminar la carrera en Historia y me enteré del proyecto por medio de una red social desde hace como un año. Vine hasta acá para conocerlos, en especial a los valedores”. Esas fueron mis palabras.

Después de eso les platiqué que andaba buscando al Sr. José Santillán para entrevistarlo y hacer una historia de su vida para un curso de fotografía que estaba tomando. Agendamos la cita para el día jueves 15 de febrero. Al día siguiente cuando di la vuelta para llegar a la oficina vi a dos de los valedores. Inmediatamente los identifiqué por sus chalecos rojos. Otra vez las emociones las traía al cien. Los saludé y me acerqué a la oficina para preguntar por José y explicar a qué se debía mi visita. Me dijeron que aún no llegaba, pero que podía entrevistar a otro valedor. Entonces me acerqué a Francisco, quien sacó dos sillas. Nos sentamos en la calle, platicamos, me contó su vida y le tomé muchas fotos.

Después de la sesión de fotos, otros valedores se acercaron: Isaías y Camaxtli, quienes me platicaron sobre la revista de Mi Valedor. Luego los tres me invitaron al taller que tenían ese día. Llegamos al edificio donde les impartieron el curso, nos presentamos e iniciamos las actividades. Para mí fue un pequeño momento de intimidad y cercanía con ellos. El poder conocerlos, saber de sus vidas, sus expresiones y cómo se han fortalecido día con día… ¡estaba demasiado contenta! De verdad era como estar frente a tu estrella favorita; para mí ellos lo son. Terminando el curso los acompañé a su oficina, donde tuvieron una reunión con las chicas del proyecto.

Me gustó ver esa cercanía entre ellos, sobre todo que su reunión y las nuevas actividades se les notifican en la calle. Sacan su mesa, sillas, café, té y galletas, y se ponen al día para concluir con una pequeña comida y así seguir con sus ventas. Esa tarde comimos todos juntos, platicamos y quedé de verme con el Sr. José el sábado al mediodía para tomarle las fotos y escuchar su historia.

El sábado llegué a la Plaza Río de Janeiro a las 11:30. Encontré a José vestido de blanco con su chaleco rojo y sus revistas. Nos sentamos en una banca y empezó la entrevista. Me contó su vida y del gran amor que le tiene a su madre, quien falleció hace un año; de sus ojos escaparon un par de lágrimas. También me habló sobre la injusticia de una hermana y del deseo de poderse reencontrar con sus hijos en Xalapa, lo cual está a punto de lograr pues con las ganancias que obtiene de las revistas está ahorrando para pagar su pasaje. Todo esto me abrió el panorama sobre las historias de vida, pues no sabemos qué llevó a las personas a estar en situación de calle.

Debo decir que es un hombre que está en paz consigo mismo y que se ha ido superando poco a poco. Es serio, pero cuando se establece la confianza deja escapar una agradable sonrisa. Al final tuve que dejar la Ciudad de México, pero no me fui sin antes haber conocido a los valedores, quienes fueron la inspiración para este viaje. Me fui con una enseñanza de vida y los llevo en mi corazón. Gracias por dejarme entrar en sus vidas. Espero muy pronto volver con ellos.