Semanalmente los valedores y valedoras trabajan distintas áreas de su desarrollo personal mediante talleres creativos. Este es el resultado de las sesiones de crónica impartidas por Alejandro Mendoza, editor de Vice.com México, publicado en el Vol. 10 NocTurnos.


De Alfredo para Carolina 

Por Alfredo

Tenía poco que mi mamá había pasado a mejor vida. Caminaba por Paseo de la Reforma en una noche solitaria. Me crucé con una joven señorita. Me miró y sonrió. “Es una noche hermosa”, dijo, “hay que vivir el momento”. Pregunté su nombre y contestó: “Carolina”.

Dejé mi tristeza a un lado y le invité un café. Nos conocimos más. Después del café caminamos un poco y decidimos ir por unas chelas. Más tarde terminamos en un hotel y tuvimos una noche pasional muy agradable.

Desperté y Carolina ya no estaba en la habitación. En el buró había un papel con su teléfono escrito. Le llamé y quedamos de vernos otra vez.

Durante tres años fuimos buenos amigos y novios a la vez. Fui muy feliz a su lado.

Una ocasión viajamos en avión hacia Acapulco. Tuvimos una cena muy bonita a media noche y se repitió aquel momento, cada vez más hermoso y pasamos más tiempo juntos.

Anduvimos en bicicleta y nadamos en la playa. Tomamos una tortuga en nuestras manos y la dejamos ir al mar deseándole lo mejor.

Tiempo después Carolina y yo terminamos. Ahora es mi mejor amiga. La quiero mucho y aprecio.


Noche bajo una nube de humo de mariguana

Por José Santillán

La llovizna era continua. Miles de compas fumaban la juanita. El humo fue para todos. La llovizna no dejó escapar ni una bocanada. Estábamos en Avándaro a campo abierto.

El grupo en turno capturaba la atención de todos. Las rocas nos unían. Un compa nadaba sobre un mar de cuerpos. Miles de manos lo ayudaban a avanzar hasta la banda que tocaba en el entarimado.

No había molestia. A pesar de estar empapados por la lluvia había tolerancia y unión. Éramos más de 200 mil compas. Todos coreamos con la banda Peace and Love, con el puño en alto, “¡Tenemos el poder, tenemos el poder!”.

Yo no fumo la juanita, pero el hornazo de humo me impidió terminar de escuchar el concierto. Aún así fue una noche especial. Disfruté la música y el rock nos unió. Fue una noche memorable. Tenía 15 años.


Una noche con los homies

Por Hadasha, la antes llamada María

La van de los homies es como el carro de Elias. Se fueron en el carro de fuego pero están aquí todos los días.

Cuando toda la gente me volteó la espalda quise morir pero tenía que encontrar la mejor opción para no estar jamás en el tormento eterno. Mi opción fue la huelga de hambre.

No sé cuántos días llevaba sin comer, sin dormir y sin ilusión más allá que la de estar bien y por siempre con mi hacedor y la gente. Esa noche caminaba por las calles de California, sola y triste cuando encontré una camioneta. Era una van negra y pintada como si estuviera tatuada. En su interior había cholos —gringos y chicanos—, muy guapos, todos tatuados, bien vestidos, bien tumbados, smart people. Les pedí raite y aceptaron. Me invitaron weed y drink. Me sentí segura, feliz y tranquila y a punto de partir con ellos a cualquier lugar indefinido.

Antes de irnos les dije que necesitaba ir al baño. They said: “go”. Fui a orinar atrás de la camioneta. Cuando quise regresar a la van mi sorpresa fue que la camioneta ya no era la misma. En un abrir y cerrar de ojos vi que era la misma, pero estaba sola y abandonada. Me quedé de a seis. Me asomé hacia adentro y tenía hasta telarañas y estaba chocada.

Pasó un viejito por ahí y le pregunté qué onda: “Estaba en esa camioneta con gente linda, ¿dónde están ahora? No sé qué pasó”. El señor contestó: “No, mujer, esta van está aquí desde hace muchos años. Chocó y todos murieron”.

Sigo sin entender, pero siempre bendigo a los homies.


Pasión

Por Camaxtli

Era una noche de pasión. Para mí es alguien especial esa persona. Recuerdo que estábamos en el bosque, cerca de la Ciudad de México. Días después fuimos al cine y a cenar. Disfrutamos de las estrellas, pero algo especial pasó. Vimos un cometa pasar. De repente un rayo de luz nos iluminó. Fue maravilloso.

Es una persona fina, pero algo rara. A mí me gustó. Fuimos al hotel y fue lo mejor que me pasó. Juntos vivimos esa hermosa pasión llena de amor.


Importante guardar la calma en situaciones difíciles

Por AFS 

Esto sucedió un 15 de septiembre. Eran cerca de las ocho cincuenta de la noche. Un vecino y yo platicábamos. Me pidió un tabaco, pero ya no traía. Le di dinero para comprar unos. Cuando regresó me mostró que unos individuos ya le habían pedido la mitad de la caja. Estábamos platicando cuando los vimos acercarse a nosotros. Querían más, pero no sólo tabacos, también querían nuestro dinero. “Eso sí que no se va a poder”, les dije. Desenfundaron sus armas y nos agredieron, dejándonos heridos. A mi vecino le dieron unos cachazos y yo me llevé tres disparos. Ésta es una historia para reflexionar sobre el peligro y las amenazas que se corren en esta ciudad.

Guardemos la calma en estos casos.


Un cigarrito

Por “El Detergente”

Después de una dura pelea con mi chava salí a dar una vuelta. Era muy celosa, así que me fui de la casa. Eran cerca de las tres de la mañana. Me dirigí hacia un bar, esperando ligar algo. Era una noche fría. Entré al bar y en corto vi a toda la banda bien peda. La música estaba chida. Puro rock para borrachos. Me senté, tomé una cerveza y saqué un cigarro para ver si alguien me pedía uno y convivir con ellos.

No pasó mucho tiempo cuando alguien se me acercó a pedirme una chela, no un cigarro. Me dijo que era güey y le dije que no quería ligar con güeyes, pero si quería, le podía invitar una chela si él me presentaba a una de sus amigas que estaban sentadas en la mesa de enfrente. Muy buenas, por cierto.