Texto Por JAGU X
@1213thor
Foto por Delphine Tomes

Es muy común pasar por la calle y ver a un indigente (debería ser alarmante, pero lo hemos vuelto común), nos preocupamos por todo menos por aquello que se queda en el camino, los olvidamos y tratamos de limpiar nuestra mente, a veces volteamos y decimos: “Pobres”, “Se deberían poner a trabajar”. Sin embargo, habría que preguntarnos: ¿cómo llegaron ahí? Antes de descalificar habría que entender.

Hoy conocí a Norma, ella vive en la calle. Me acerco a platicarle acerca de un proyecto que, como pocos, busca la inclusión social de aquellos que se quedaron desprotegidos. Primero identifico el entorno, un espacio recuperado de aquellos que sufren el fenómeno de la gentrificación y que exigen que haya un mejoramiento del aspecto de las calles, que se adornan con pintura, fuentes, pavimentados bonitos, incluso, si bien va, ponen una exposición de arte que con ironía excluye utilizando un lenguaje de la inclusión, exige que no haya indigentes y que las autoridades en turno los desalojen y destruyan a juicio del proyecto aquello que afee el paisaje (sin mencionar las caras rentas para colonos y negocios que pretendan utilizar el nuevo espacio).

Al acercarme a Norma le pido permiso para sentarme a su lado, ella accede, le platico con ánimos del proyecto, ella se niega, pero me engancha en su plática, no puedo dejar de notar su dentadura descuidada y es lo primero que me hace preguntarme: ¿qué sucedió para que se descuidara así? Y me muestra uno de los muchos niveles en que ella es vulnerable.

Lo primero que sale a relucir es que no le gusta depender de nadie, que está decepcionada de la vida, me platica que ya ha trabajado pero que no la trataron bien, que sus últimos jefes se aprovechaban de su trabajo; seguido enuncia las ganas de encontrar el amor, me dice: “Me gustaría tener un hombre que me proteja, que me trate bien. Cual espejo me identifico con ambas emociones, y me pregunto: ¿quién no busca el bienestar y no lo encontró? ¿Quién no busca el amor y no lo encuentra? Tal vez son hechos sociales que reproducimos continuamente, entonces, ¿cuál es la diferencia entre Norma y yo? Puede ser el contexto, el nivel de estudios, incluso las oportunidades con la que ambos nos hemos encontrado; variables pueden ser muchas, pero algo es seguro, es un humano que siente, que busca y, aún en la desesperanza, busca compartir, platicar.

Con mi prisa y recordando que tengo un compromiso trato de terminar la plática insistiendo que podríamos seguirla si se diera tiempo a la actividad que la invitaba, ella me da las gracias. No sé qué pase con Norma, podría contarme una historia linda en la cual ella se recupera, encuentra un trabajo y sobre todo el amor. Esta plática me llevó a la reflexión pero sobre todo a darme cuenta de esa vulnerabilidad a la que todos somos propensos, de muchas formas somos vulnerables y buscamos bienestar, y a veces se nos niega. Las letras son un conducto, de tal forma me gustaría que estas letras lo fueran para detenerse y reflexionar sobre qué tan cerca estamos de cruzar esa línea entre la indiferencia y la reproducción de la desigualdad que nos hace olvidarnos de los que no encontraron las condiciones necesarias para estar dentro de la sociedad.