Por: Paula García
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“Michael llegó al albergue de migrantes Casa Tochan hace tres años. Con 15 años de edad, escapaba de Honduras por violencia familiar. Tochan intentó que se regularizara en el D.F.; sin embargo, estos procesos son muy complicados y Michael tuvo que seguir su camino hacia Estados Unidos, pues su mayor preocupación era conseguir dinero para poder sacar a su hermano de Honduras, donde también era agredido por su familia”, nos cuenta Gabriela Hernández, quien es coordinadora del proyecto desde hace cuatro años. Y continúa: “Meses después recibí una llamada de Michael: ‘Mamá Gaby, apunte este número. Son cincuenta dólares que le mando, a ver qué le compra a los muchachos’”.

Tochan significa “nuestra casa” en náhuatl y es precisamente un hogar lo que han construido entre los voluntarios y Gabriela Hernández, quien desde muy joven ha estado implicada en la lucha por los derechos humanos. Participó en apoyo a la revolución salvadoreña, trabajó en talleres de derechos humanos con los zapatistas, y en campañas de alfabetización. Hoy lleva cuatro años a cargo de Casa Tochan.

El albergue vive de donaciones y es pequeño, recibe a hombres mayores de edad que llegan desde Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Colombia y Haití. Solo tiene 12 camas, aunque las necesidades han hecho que reciban hasta 25 personas.

La gente que pasa por nuestro país pide refugio para poder tramitar una visa humanitaria que le permita permanecer en México sin problemas legales por un año y así llegar a la frontera sin tantos problemas. Casa Tochan los apoya para que se lleven las mejores herramientas y logren sobrevivir en esta ciudad o durante su trayecto al norte. De esta manera, enlaza a sus beneficiarios con organizaciones que ofrezcan apoyo jurídico, como Sin Fronteras.

El tiempo máximo de estancia en la residencia es de tres meses, que es más o menos el tiempo que tardan en tramitar su visa. Se les da hospedaje, comida, ropa, consulta médica dos veces al mes, derecho a llamadas de larga distancia gratis, una hora de internet por persona y apoyo psicológico. Además, han desarrollado un programa de talleres para inducirlos a crear manualidades que posteriormente puedan vender para obtener una entrada de dinero. En algunos casos se ha logrado que los usuarios consigan trabajos relacionados con albañilería o en una fábrica de producción de plástico.

El objetivo del albergue es que las personas logren concluir el sueño que idearon originalmente; ser un lugar de refugio para alcanzar derechos y metas. Tochan busca que la población migrante entienda que si salen de su país tienen que aprender a organizarse para hacer comunidad, trabajando en colectivo, y así lograr sus objetivos.

Hace cinco años, la Ciudad de México no era una zona de paso para los migrantes que venían de Centroamérica. Si acaso las personas llegaban como víctimas de delito o a realizar trámites de solicitud de refugio. Hoy en día, la principal razón para venir es la violencia que existe en sus países. La gran esperanza sigue siendo el sueño americano; el deseo de vivir en un lugar donde no esté la Mara Salvatrucha presionándolos para que paguen una cuota que proteja su vida…

La Mara es una organización de criminales que los violenta sin escrúpulos a través de secuestros para trata de blancos, robos, extorsiones, asesinatos, violaciones…, sin importar género o edad. Esta mafia no solamente los hostiga en sus países: los persigue a través de su recorrido migratorio que, en realidad, es un escape que hacen para salvar su vida para evitar ser esclavizados, vendidos o asesinados. Esta red de delincuentes se inició en gran parte con la vasta deportación de criminales que hizo Estados Unidos a mediados de los noventa.

Tras el plan Frontera Sur de 2015 elaborado por Enrique Peña Nieto, se han generado muchísimos operativos en los cuales no dejan a los migrantes subir al tren, mejor conocido como La Bestia. El tren inicia su recorrido en Chiapas, haciendo varias paradas y trasbordos a través del país, acercándolos a la frontera con Estados Unidos. Estas medidas han obligado a la población migrante a optar por nuevas rutas para llegar al norte. Los traslados en camión han sido parte de la nueva estrategia migratoria, y esta circunstancia los ha desviado de su destino final forzándolos a pasar por la Ciudad de México.

El desgaste físico y el terror que sufren las personas durante el viaje se han incrementado por las difíciles rutas que tienen que cruzar para continuar su trayecto. Al llegar a la capital apenas llevan una tercera parte del recorrido, y ya llegan heridos y siendo víctimas de delito. Lo bueno de pasar por aquí es que puede ser un descanso, un respiro en su marcha.

Es por eso que para la coalición de organizaciones que trabajan con migrantes –como Sin Fronteras, Casa de los Amigos y el Comité Monseñor Romero– fue tan importante abrir un albergue en donde los migrantes pudieran quedarse más de cinco días. El Comité tiene bajo su resguardo una casa que fue comprada con dinero de solidaridad y que antes había dado cobijo a guatemaltecos que huían de la guerra. Actualmente la infraestructura es conocida como Casa Tochan, y se ubica en Pavorreal #41, en la colonia José María Pino Suárez, al centro de la Ciudad de México (T. 0155 5515 8600).

Mientras más gente conozca la problemática de movilidad migratoria se podrán generar pequeños cambios. En México tenemos que ser más abiertos y facilitar más los procesos de regularización para refugiados. Debemos fomentar una verdadera empatía y solidaridad; entonces se romperán esas fronteras egoístas que nos dividen como humanidad. Gracias a Casa Tochan por ser parte fundamental de esta lucha.