El tema de las poblaciones sin hogar es, sin duda, uno de los más preocupantes a nivel global. Constantemente hablamos sobre el sinhogarismo, las poblaciones de migrantes, las poblaciones de refugiados y las poblaciones callejeras. Estos grupos, además de tener en común la falta de hogar, carecen del apoyo que les permitiría ejercer sus derechos humanos. Es por esto que instituciones como El Caracol son indispensables para el desarrollo de una sociedad más justa e incluyente.

El Caracol nació en 1994, siendo la primera organización que atendía específicamente a personas entre 15 y 23 años viviendo en las calles. Sin embargo, en el 2002 comenzó a atender a la población callejera de todas las edades en la Ciudad de México. Y hablamos de población y no de “situación de calle”, ya que como explica Luis Enrique Hernández, director de El Caracol, la gente no cae en situación de calle: gran parte de la población ha nacido en la calle, la calle es su realidad.
Y justamente  instaurar el concepto de poblaciones callejeras dentro de la conversación ha sido una de las luchas de esta institución.

El equipo de El Caracol trabaja cuatro áreas de atención: participación educativa; defensoría en derechos humanos e incidencia en políticas públicas; cambio cultural; y generación de conocimientos. La institución es un intermediario entre el Estado y las poblaciones callejeras, para que finalmente puedan ejercer sus derechos. El copred de la Ciudad de México identifica a esta población como la más discriminada en cuanto a servicios públicos. Esto se debe en gran parte a que las políticas públicas no protegen a este sector de la sociedad. El Caracol está buscando incidir en las políticas públicas para que esto cambie y, al mismo tiempo, educar a las poblaciones callejeras sobre sus derechos.

Chiras Pelas Calacas Flacas
Desde hace varios años, El Caracol tiene un programa llamado Chiras Pelas Calacas Flacas. Para quienes no lo recuerden, se dice “Chiras Pelas” cuando “matas” a alguien en el juego de canicas. El proyecto trata la prevención de riesgos de muerte en la calle. Su campaña hace un mapeo previo en puntos de calle para llevar la dinámica a más de 30 puntos en la ciudad. La metodología del proyecto tiene tres pasos fundamentales. Primero: recuperar el juego de las canicas. Al recordar las reglas y la manera de jugar, se va dando orgánicamente un ejercicio de confianza entre los participantes. El siguiente paso es darle un nombre a cada canica; deberá ser el nombre de algo que pueda provocar la muerte en la calle. De esa manera, al final del juego se empieza a sensibilizar a la población sobre las causas de muerte más comunes. El juego ayuda a entrar en una temática muy dolorosa de manera amable, y, finalmente, el tercer paso es conversar con la población para saber cuántos compañeros han muerto ese año en la calle. Para cerrar, se hace un semáforo de riesgos que intenta prevenir con herramientas educativas los riesgos de muerte en la calle.
#GritaMuerteCero es el hashtag que utilizan para denunciar la muerte en la calle y que invita a toda la sociedad a denunciarla.
Estas actividades que incluyen a la población callejera dentro del proceso educativo son muy importantes para mejorar sus condiciones desde la raíz.
El Caracol cree en un modelo hablado y construido con la población: “No estamos en contra de que decidan vivir en la calle, el problema es que en la calle no saben ejercer sus derechos, ahí son violentados al grado de que a las mujeres, por ejemplo, les quitan a sus hijos. Algo que no se ha hecho en políticas públicas es informar a los chavos y chavas que sí tienen derechos”, comenta Luis Enrique.

La lucha por los derechos de las poblaciones callejeras tiene un gran recorrido por delante, considerando lo siguiente: si el análisis demográfico que hace el gobierno se hace en función de la propiedad y no del sujeto, entonces, ¿cómo se va a considerar a las poblaciones callejeras dentro de las políticas públicas? De esta manera seguirán siendo “los callejeros” quienes necesitan atenciones específicas con leyes, programas e inversión para que mejoren sus condiciones de vida.

La ideología detrás del nombre El Caracol es que la vida es una elipse, que siempre está en movimiento, que nada es lineal, que el diálogo no termina y que siempre hay una alternativa de cambio… una posibilidad de seguir jugando. Es importantísima la chamba que está haciendo El Caracol para nuestro país. Esperemos que nunca dejen de jugar y que le sigan apostando al juego para promover un mundo mejor.