Las puertas del templo estaban abiertas de par en par. Con la vergüenza del que siente que quizás importuna, me animé a pasar. Enseguida un hombre joven, completamente rapado y descalzo, me preguntó con tono amable si podía ayudarme. Le dije que buscaba a Dharmarash, a quien nunca había conocido pero con quien había hablado por teléfono. “Dharma anda en la cocina, pero ahorita lo traigo”.

El silencio de la espera llamó mi atención. El recinto está ubicado a muy pocas cuadras de Avenida Constituyentes; sin embargo, me pareció estar fuera de la ciudad. El templo Hare Krishna es un espacio atípico en la Ciudad de México: ahí no se percibe la prisa, la gente que lo habita hace contacto visual constante acompañado de una sonrisa, y además resulta que aquellas puertas se encuentran abiertas las 24 horas del día, acto que definitivamente es muy valiente en esta metrópoli.

Conocí a Dharmarash, el líder del templo, quien me contó sobre el movimiento Hare Krishna y la labor social que hacen en la capital del país. Se trata de una corriente espiritual completamente abierta para el que quiera aprender a ejercerla. No importa que seas cristiano, judío o testigo de Jehová, ya que la conciencia de Krishna acepta a todos los que quieran entender la ciencia de Dios.

El movimiento fue traído a América por el maestro A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada, en los años setenta. La misión de Bhaktivedanta era llevar el mensaje de Krishna a Occidente. En los inicios fue muy difícil encontrar espacios para practicar la disciplina en México. Sin embargo, hoy existen casas y templos en Guadalajara, Monterrey, Saltillo, León, Aguascalientes y la megalópolis, en donde también viven comunidades de creyentes que buscan dejar el sufrimiento de la vida material, tal como explica Dharmarash, quien lleva seis años viviendo en el templo.

La idea primordial de la práctica Hare Krishna es llevar una vida sencilla con pensamiento elevado, que permita que el ser supremo disfrute. “Nosotros somos hijos de Dios; por lo tanto, si el Señor disfruta, nosotros también disfrutamos. Ese ser supremo es Krishna”, me cuenta Dharmarash.

Según la disciplina, una de las maneras en las que el Señor disfruta es mediante el servicio por y para los demás, y es así como la comunidad Hare Krishna se involucra orgánicamente, creando impactos positivos en la sociedad. El objetivo principal es tratar de elevar la consciencia de la humanidad a partir de tres maneras fundamentales: compartiendo literatura, cantos y comida.

Dentro del área literaria, lo que hacen es regalar y difundir fracciones del libro Bhagavad Gita en universidades y escuelas. Este libro trata sobre la sabiduría védica de la India y sobre la autorrealización y la paz a través de la meditación y el yoga. De esta manera, invitan a la gente a conocer este tipo de disciplinas y a incluirlas en su vida diaria.

La comida que comparten es muy especial. Además de ser vegetariana, no se prueba mientras se cocina, ni se piensa en su disfrute mientras se prepara. Una vez terminada, se ofrece al Señor y, cuando Él la acepta, se convierte en misericordia del Señor y, por ende, en alimento espiritual. De aquí parte la creencia que tienen que esta comida no solo alimenta al cuerpo, sino también al alma, y es con estas dos finalidades que la cocinan y regalan diariamente en hospitales y hogares para niños y personas de la tercera edad.

Uno de los requisitos para convertirse en practicante del movimiento es cantar el Maha Mantra Hare Krishna. Se piensa que este canto es un llamado espiritual al Señor y a su energía. Es por esto que los devotos salen a cantarlo, ya que consideran que brinda protección al alma y desean compartirlo con otros. No existen reglas, se canta en cualquier lugar y a cualquier hora aunque, por lo general, intentan llevarlo a donde hay más gente para aprovechar la energía y generar más impacto.

Uno de los aspectos más positivos sobre el movimiento es la manera que tienen de comunicar su creencia, ya que su intención no es convertir a la gente en devotos de Krishna. El propósito que tienen es compartir, mediante sus herramientas espirituales, un mensaje que habla de la búsqueda del amor de un ser supremo, sin importar cuál sea éste, ya que consideran que de esta manera podemos llegar a niveles de consciencia que generen paz, tanto interior como exterior.

Aunque en realidad la comunidad se sostiene de pequeñas donaciones y de intercambios que realizan con otro tipo de personas o instituciones afines a su causa, es muy enriquecedor ver cómo viven cada día una cultura en donde el compartir les genera una abundancia que les permite sostenerse.