Texto Alfredo Villena

Alfredo tuvo la idea muy clara desde el principio: entrevistar a los bomberos que nos protegen 24 horas al día para sobrevivir a los accidentes que ocurren en esta caótica ciudad. Gracias a su entrega con la investigación, conseguimos una entrevista con el Jefe Vulcano, director del Heroico Cuerpo de Bomberos.

–Paula García, cofundadora de Mi Valedor

 

Era un martes cuando fui a la estación de bomberos para buscar una cita con el súper intendente y director del Heroico Cuerpo de Bomberos, Raúl Esquivel Carbajal, mejor conocido como el Jefe Vulcano, quien acaba de ganar la Medalla al Mérito de la Protección Civil por sus 42 años de trabajo y constancia.

En la estación me recibieron amablemente y me dieron un recorrido por las instalaciones. Empezamos por los camiones de bomberos, algunos son manuales y otros automáticos, pero todos cuentan con hachas, palas, picos, botas y equipo contra incendios. Tienen un carro para documentos y una ambulancia propia.

Los bomberos y bomberas viven ahí mismo. Tienen dormitorios, cada uno con una cama y un lócker; hay un espacio con baños y regaderas. Para bajar rápidamente de la zona de descanso a los camiones, existen cuatro tubos de escape por donde se deslizan al punto de reunión de emergencia, ya que ahí se encuentra la central de llamadas 911 y desde ese lugar se canalizan los rescates según cual sea la estación más cercana a la comunidad en necesidad.

En la estación hay cocineros, mecánicos y hasta peluquería. Tienen un área específica de entrenamiento en un lote baldío. En medio de todo esto se encuentra la oficina del Jefe Vulcano. Hay mucha unidad, es como un gran barco donde todos trabajan para un solo objetivo: salvar vidas.

Estos hombres y mujeres no solo apagan incendios. También rescatan animales como gatos, perros, águilas o serpientes, y previenen accidentes. Los bomberos son personas muy entregadas a su labor y por eso son héroes. Son ordenados, tienden sus camas, y cada jefe de bomberos tiene su equipo listo con su apellido bordado en la espalda de su chamarra.

Una semana después de conocer las instalaciones, llegó el gran día de la cita pactada: por fin nos reunimos con el Jefe Vulcano. El señor Raúl Esquivel tiene un semblante fuerte pero amistoso, sus canas ya nos hablan de la larga trayectoria y madurez que lo han llevado a ser el director del Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México. A pesar de mi nerviosismo, y de las tantas llamadas que recibe el superintendente, pregunté todo lo que previamente había imaginado e investigado.

 

LA ENTREVISTA

¿Cuánto tiempo tiene laborando en la estación?

Cuarenta y nueve años, sin un día de descanso. Desde las cinco de las mañana estamos aquí trabajando.

¿Cuáles fueron las dificultades que tuvo que enfrentar para llegar a ser director?

Aquí no hubo dificultades, solamente fue seguir la disciplina y las normativas para poder ir escalando las jerarquías, y de ahí capturando los puestos de los organismos.

¿Qué le dice la palabra “sobrevivencia”?

Que la gente tenga conocimientos para afrontar accidentes, para protegerse a sí mismos, a las demás personas y a sus bienes materiales. Los bomberos siempre llegamos, pero a veces tardan mucho tiempo en llamar y puede ser demasiado tarde.

Si se estuviera acabando el mundo, ¿qué haría? ¿Qué cosas se llevaría para sobrevivir?

Primero que nada: ayudar a la sociedad, buscar la calma y llevar a la gente a los puntos de seguridad; quitar todos los obstáculos para proteger a los ciudadanos. Cosas de valor no me llevaría nada, lo que más vale la pena en esta vida es la vida de nuestros seres queridos.

¿No tiene días de descanso?

No, yo estoy todo el día aquí hasta las diez de la noche, y llego a las cinco de la mañana. A veces llego antes y a veces me voy después, cuando ocurren las emergencias.

¿Qué siente cuando una misión es exitosa y salva vidas?

Eso es lo más importante: la institución fue creada para salvar vidas, pero en lo personal es un sentimiento extraordinario.

¿Cómo vive las tragedias al fracasar una misión?

Desgraciadamente pasan, lo más impactante es cuando sucede con los pequeñitos.

¿Cómo fue el primer rescate para el Jefe Vulcano?

Recién entrado hace 49 años, mi primer servicio fue por la Colonia Oriental, hubo un incendio. La señora de la casa había dejado prendidos los frijoles cuando fue a dejar a uno de sus niños a la escuela. Desde la ventana salía muchísimo humo y la gente estaba muy alarmada. “Se está quemando”, gritaban. Pero era más el escándalo por el vapor del agua que el fuego. Cuando entramos en la casa estaban los dos más pequeñitos acostados en la cama muy tranquilitos y no les pasó nada, y no les iba a pasar nada, pero la sociedad se preocupó por ellos y eso fue lo importante.

¿A qué santo se encomienda cuando sale a una misión?

Aquí se respeta la religión de cada quien, pero yo en lo personal me encomiendo a la Virgen de Guadalupe.

 

Los bomberos son un ejemplo de disciplina, responsabilidad y entrega leal a su labor. Son personas que muchas veces dejan a los que más quieren por estar al servicio de la comunidad y llegar a donde se encuentra el peligro. Yo pienso que hay que rezar mucho por estos héroes que nos ayudan y enseñar a sobrevivir.

Cuando le pregunté a un bombero qué se necesitaba para serlo, me dijo que se pide la preparatoria y muchas ganas de aprender el oficio, prepararse día a día física y mentalmente. Me imagino que nunca sabes si en una misión regresas o no, como muchos de estos héroes que han perdido su vida por salvar la de alguien más. Pienso que es muy honorable morir por esta razón, ya que cuando yo duermo otros están trabajando por mi seguridad, y descanso con la tranquilidad de saber que el Jefe Vulcano siempre dirá: “¡Vamos para allá!”.


Alfredo Villena (1975, Tlatelolco, México)
Valedor de corazón, corazón de condominio. Amante de las hamburguesas, el café, la música clásica, los animales, la naturaleza y la Ciudad de México.