Texto: Aurora Herrera
Foto: Aarón Baz
  • Latinoamérica es la región más desigual del mundo: más de 104 millones de personas viven en asentamientos humanos irregulares.
  • El trabajo en conjunto comunitario es la herramienta para dar respuesta a las problemáticas de habitabilidad en las ciudades.
  • En un continente que cada vez está más organizando, los jóvenes tienen un rol fundamental en la construcción de ciudades resilientes.

“Ya se está viendo mucha drogadicción aquí, alcoholismo, vandalismo”. Fabiola Morales está preocupada por lo que está pasando en su comunidad, Las Canastas, pero sabe que, como en muchas otras ocasiones en las que se les presentaron diversos problemas, trabajando junto a sus vecinos y vecinas, podrán resolverlo.

La comunidad en donde habita Fabiola junto con más de 300 familias,  tiene una historia particular: al inicio de su existencia -el antes conocido como Bordo de las Canastas- era un bordo de agua que al secarse, fue utilizado como campos deportivos.  La comunidad se conformó cuando varias familias que no tenían ningún patrimonio se vieron en la necesidad de emigrar de Toltepec, debido a la expropiación de sus terrenos que se ubicaban en donde hoy encontramos el Aeropuerto Internacional de Toluca.

Por la falta de acceso a oportunidades de vivienda, cada vez más familias comenzaron a instalarse de manera irregular, construyendo sus casitas con madera y nailon. La realidad de estas familias no es aislada, es la misma que afecta a más de 104 millones de personas en Latinoamérica que viven en asentamientos, según estimaciones de ONU Hábitat. Es decir, uno de cada cuatro latinoamericanos/as no tienen acceso a una vivienda y hábitat digno.

Detrás de la realidad en la que viven los vecinos y vecinas de Canastas, surge otra: la de la organización de sus habitantes y el trabajo en conjunto con diferentes actores de la comunidad. Desde un inicio, esta ha sido la principal característica de Las Canastas, pues tal y como nos cuenta Luz, a pesar de los estragos de los años en su memoria, no se olvida de sus primeros años en la comunidad; “Cada familia tenía que dar bloques, varilla y así poco a poco se fueron haciendo el jardín de niños y la primaria. También hicimos una iglesia”.

En el 2007, gracias al trabajo y organización comunitaria, los habitantes de Canastas lograron que las autoridades ejidales autorizaran el proceso de regularización de la colonia, bautizada como  Las Canastas de Toltepec y en la que hoy en día viven alrededor de 368 familias.

Al visitar Canastas, encontramos que la mayoría de las viviendas son de material permanente y cuentan con electricidad y acceso a agua potable. Algunos vecinos cuentan que gracias al ingenio del hermano de Maricruz Maya, una de las referentes comunitarias, hace 28 años se logró diseñar la distribución de la comunidad: “No necesitó ser arquitecto ni tener una profesión, él solo con su imaginación vio cómo tenía que ser y dijo, aquí va ir la escuela, aquí el parque, aquí la iglesia…”

TECHO llegó a la comunidad en el 2011 y desde entonces ha trabajado con los vecinos y vecinas en el diagnóstico y priorización de las problemáticas comunitarias, que van desde la construcción de viviendas de emergencia y una sede comunitaria, hasta jornadas de limpieza de los espacios comunes.

A pesar de todo lo logrado, nuevos problemas aquejan a las familias. La presencia de múltiples espacios en desuso facilitaban el uso de drogas y alcohol en los jóvenes de Canastas. La apropiación de los espacios es un factor importante en la formación de la identidad comunitaria y que contribuye en la solución de muchas de sus principales problemáticas. Fue así como un sábado, después de una sesión creativa en la que participaron vecinos y vecinas en conjunto con voluntarios de TECHO, surgió la idea de transformar ese espacio en un parque.

“Vamos a fomentar el deporte, que dejen de drogarse, que vengan a jugar y que se desarrollen sanamente”, nos contaba entusiasmada Maricruz Maya el día que se trabajó en el proyecto. El 8 de junio de 2018 se sentía la emoción en el aire; alrededor de 140 voluntarios y voluntarias, vecinos y vecinas estaban desde temprano listos para trabajar en la recuperación del parque. “Me siento muy feliz porque queremos que aquí sea un ambiente familiar tanto para niños como para adultos” se emocionaba Fabiola al ver el avance del parque. Tras intensas horas de trabajo en conjunto, se instaló un área de juegos, se sembraron árboles, se reubicó y acondicionó la sede comunitaria y se pintaron las canchas, brindando a las familias el espacio de recreación que necesitaban. Un perfecto resumen de lo que hace TECHO: jóvenes, vecinos y vecinas de comunidades, construyendo y mejorando nuestras ciudades.

“El punto es transformar tanto a tu comunidad, como a tu país, queremos salir adelante, progresar entre todos. Si uno se echa la mano, puede generar más acciones buenas y puede crearse algo más grande”, finaliza Said, voluntario de TECHO. Su testimonio representa el de más de un millón de jóvenes que se han movilizado a lo largo de todo un continente para cambiar la realidad de Latinoamérica.


Aurora Herrera es jefa de prensa y contenido en TECHO México desde septiembre de 2017, tras ser voluntaria en Puebla desde noviembre de 2013. Encuentra su pasión en el trabajo comunitario, las artes visuales y la fotografía.