Texto: Shamir Troconis
Shamir sigue historias como las de Erick y con su trabajo ayuda a comunicarlas a través de textos y vídeos para que más gente conozca estas anécdotas tan valiosas para Yo quiero Yo puedo.

Más hace el que quiere y el que puede.

México tiene muchos problemas. Y eso todos lo sabemos. Pero ¿por dónde empezar?
Bueno, pues, Yo quiero Yo puedo se fundó después de que una investigación mostró el poco control que las mujeres mexicanas tenían sobre su salud. Así, con la inquietud y visión de volver a estas mujeres agentes de cambio de su vida, su familia y su comunidad, esta asociación civil comenzó a trabajar en 1985. Hasta el día de hoy, Yo quiero Yo puedo ha tenido un camino muy alentador y satisfactorio, y el modelo de empoderamiento se ha expandido a cuatro áreas –salud, educación, productividad y ciudadanía– en 17 países.
Desde hace varios años, nos dimos cuenta de otra dificultad que se vivía y aún vive en México; y es que sólo el 34.6% de los jóvenes tienen empleo y el 50% de ellos viven en pobreza. Uno de los grandes obstáculos de la juventud mexicana es la carencia de una buena educación y la falta de posibilidades para desarrollar habilidades que fomenten el crecimiento personal.


Y aquí entramos nosotros: desde el 2016 –con el apoyo del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), el Youth Business International (YBI) y muchos aliados más– hemos buscado fortalecer la cultura del emprendimiento y la productividad en jóvenes de 15 a 29 años en el Estado de México, Guadalajara e Hidalgo. Tenemos un modelo de formación y atención gratuita a emprendedores basado en habilidades para la vida, educación financiera, cultura del ahorro y gestión empresarial, que se acompaña con mentorías, asesorías de negocio y vinculación al ecosistema emprendedor, lo cual ha incrementado el número de emprendimientos exitosos de jóvenes de bajos recursos.


Hoy en día, llevamos más de 1,127 casos de éxito. Erick es uno de esos jóvenes y ésta es su historia.
Erick Hazel Cruz Soria es Ingeniero en Mecatrónica del Tecnológico de Estudios Superiores de Ecatepec y egresado de la maestría en Ciencias en Ingeniería Mecatrónica. “Mi empresa surgió, de forma literal, de Yo quiero Yo puedo cuando encontré el módulo donde estaban dando información sobre los cursos y talleres. Me dijeron que se enfocaban en el desarrollo de negocios, lo cual me interesó. Y como yo estaba decepcionado en la parte
laboral, inmediatamente pensé que ésta era la opción. Al principio vi el programa como un curso, pero los resultados me impactaron, entonces empecé a abrir mi mente para algo diferente”, nos platicó Erick.
Después de los talleres que proporcionamos, muchos de los jóvenes echan a andar su empresa. El negocio de Erick, además de ser especializada, radica en desarrollar tecnología que no sustituye la mano de obra, logrando así optimizar las capacidades y desarrollos en el campo laboral. “Desde siempre, yo he querido hacer un cambio en el
mundo, quería mejorar la vida para bien de las personas justas, pero no tenía los recursos, ni los medios, ni un equipo; es decir, no tenía una organización que estuviera enfocada a aquello. En mi negocio, actualmente, hacemos algunas piezas con cortes de madera talladas a través de maquinaria, como estantes, decoraciones, coleccionables y otros productos. Sin embargo, el enfoque es desarrollar tecnología y equipo didáctico para el
desarrollo de habilidades humanas. Siempre he pensado que la tecnología no debe estar hecha para reemplazar, sino para apoyar, para mejorar, para desarrollar las capacidades humanas”, puntualizó el Ingeniero.
– ¿Cuáles sientes que eran tus obstáculos antes de conocer Yo quiero Yo puedo? –le preguntamos a Erick.
– Antes de Yo quiero Yo puedo no tenía una visión empresarial. Y después de tomar el programa, me sentía más seguro de mí mismo, de que podía tomar las riendas de un equipo y proyectar seguridad para que confiaran en mí” –nos respondió.
El programa “Yo quiero, yo puedo…ser agente de cambio emprendedor” ha creado un nuevo modelo que está demostrando la importancia de incluir tanto habilidades que fortalecen el desarrollo humano como habilidades técnicas. Se ha demostrado que, de esta manera, se incrementa la disposición a emprender, el espíritu emprendedor, las habilidades para la vida, la agencia personal y el empoderamiento intrínseco de los participantes.

Yo quiero Yo puedo ha alcanzado a más de 1,127 jóvenes empresarios. Ayúdanos a seguir creando historias de éxito como la de Erick y muchas otras personas.



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