De joven me gustaba el box y el fútbol. Si hubiera seguido con el deporte hubiera sido una estrella, pero piensas en otras cosas más fáciles y te empieza a llegar el vicio. Me aventé muchos años en la borrachera, desde los 15. El mejor aprendizaje que la vida te da es todo lo que pierdes: todo lo que dejas atrasado porque te vas con las amistades que en realidad ni tienen por qué seguir. Por eso dejé el alcohol, para salir de todo ese desastre; ya no estaba para aguantar. La verdad, respeto a todos los alcohólicos porque tienen mucho aguante.

Uno es pobre pero delicado, es por eso que no me gustan ni los albergues ni la calle. Viví toda mi vida en el D.F.; ahorita vivo en Chimalhuacán, pero tengo que salir porque el empleo ahí es muy mal pagado y son puras estafas. Lo dejan a uno trabajando y se levantan toda la raya. Siempre es así: cuando uno más necesita, es cuando más le hacen esas jaladas. Le agradezco a Mi Valedor porque mi trabajo está cambiando, voy de estar esclavizado todo el día a tener un trabajo más tranquilo.

La revista es como una tarjeta de presentación. Muchas veces llegamos a estirar la mano y ahora hay algo que ofrecer. Ahora puedo decir: “Mira, traigo una revista social-artística-cultural donde nosotros participamos”, que es la oportunidad que nos brinda la revista MV para ser más sociables.

Trato de estar en los talleres lo más posible, estoy aprendiendo nuevas cosas y repasando otras, veo mi desarrollo personal. Y he mejorado en las ventas, salgo duro y directo. Cuando la gente tiene gran corazón para escucharme, es como si me hubieran comprado. Pero si no llevas un centavo en la bolsa y no has vendido nada, es difícil concentrarte en vender. Me da mucha hambre o me anda del baño, qué voy a hacer…

Trato de hacer lo que aprendí y lo mejor que se puede. Hay que luchar para que vaya saliendo para los gastos, el chiste es tener dónde caerle. Tampoco puedo decir que mis manos están llenas, pero es bastante la ayuda. Y mientras haya manera de seguir, pues aquí estaré.