Han pasado 14 años desde mi divorcio, cuando dejé la casa de mis hijos. Por tal motivo estuve viviendo en las calles. Hablo en el pasado porque realmente ya no me considero así. Sin embargo, conozco muy bien lo que es la calle, y sobrevivir a través del tiempo.

Desde el punto de vista físico y mental, he pasado por un momento difícil. Tiene que ver en parte con el alcoholismo. Yo sí la regué con ese problema, pero voy desarrollando una conciencia y un autoconocimiento para llegar a una autorrealización. Voy en camino. He actuado de forma inconsciente y he dañado a quienes me rodean, creyendo tener la razón, y no la tuve; no reconocía la otra parte.

Yo supe de Mi Valedor a través de [el valedor] José cuando vivíamos en el albergue. La revista llegó a mi vida como una herramienta. Este año ha sido un proceso, más que económico, de encuentro: una verdadera confirmación de que las cosas están bien, y de que pueden estar mejor. Mis hermanos me apoyan todavía, y eso me ha ayudado. No estoy solo. Agradezco ese respaldo, junto al de Mi Valedor.

Estoy ganando la confianza y entrando en las personas. Me está funcionando: antes vendía 1, 2, 3… Ahora, si me propongo vender 40, lo hago… y más. Si realmente quieres trabajar y ser mejor persona, tienes que aplicarte de verdad. Voy por más y sé que puedo.

Para mí, Mi Valedor a futuro va a ser la revista número uno en el mundo. Es un medio, y yo quiero ser causa. Hay mucha gente que necesita ayuda como yo lo necesité en ese momento. El mundo ya no está ansioso de guerras, sino de enseñar y aprender. Y he descubierto que tengo esa capacidad de ayudar a la gente. Ahorita me voy en busca de conocimiento a Querétaro, y si salen cosas buenas las voy a propiciar y expandir.