Yo trabajé en la Secretaría de Hacienda durante 34 años y me pensioné. Al darme cuenta de que mi pensión no era suficiente –a mediados del mes ya no tenía nada–, vi que estaba restringiendo mucho a mi esposa y a mi hija. No me alcanzaba para nuestras necesidades básicas.

Tengo 64 años. Traté de colocarme en un trabajo de oficinas, como telefonista o lo que fuera, pero por mi edad me cerraron las puertas. No me sentí mal porque yo ya trabajé, ya di lo que tenía que dar. Decidí conocer a los de Mi Valedor y ya estoy trabajando, y estoy a gusto.

Trabajé toda la vida, todos los días desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche, todos los días encerrado… Terminé muy fastidiado. Ahora que trabajo en Mi Valedor yo tomo mis decisiones. Ando en la calle y me gusta mucho porque, aparte de que tengo mis ingresos, me distraigo bastante. Me siento contento y no estoy presionado. Estoy muy tranquilo aquí; mi tiempo es completamente para mí.

Me está yendo muy bien y mis ingresos se duplicaron al empezar a trabajar aquí, y en muchísimo menos tiempo. A lo mejor en tres o cuatro horas, si está difícil el día, vendo mis revistas. A veces la gente reconoce la revista y me compran varias. Me dicen: “¿Cuándo sale la próxima? ¡No dejes de traérmela!”. Son de esas cosas que le dan a uno mucho gusto.

Me encantó el taller de radio porque pude aprender a desenvolverme mucho mejor con otras personas; ayuda a que uno se suelte más y sin miedo. Mi carácter siempre ha sido muy sociable, ofreciendo mi revista de la manera más respetuosa a la persona.

Ahora estoy disfrutando a mi familia y, afortunadamente, Mi Valedor me ha ayudado a que mi economía mejore un montón. A las cinco de la tarde ya acabé, a esas horas me regreso. Antes de las seis ya estoy en casa para convivir con mi familia. Y traigo mis 200 pesos en la bolsa: ¡son sensacionales!