Por cuestiones de salud, no tengo trabajo. Salí de mi casa en Ciudad Azteca a los 10 años por el maltrato familiar. Llegué a Garibaldi, a refugiarme con los de la calle, drogándome ahí por Las Conchitas. A los 15 me encontré en la Alameda Central. En las noches, los ambulantes me daban trabajo limpiando y cuidando sus puestos. En las tardes, me prostituía. Me busqué mi propia enfermedad a base de esa mala vida, y aquí están las consecuencias: desahuciado de por vida.

Yo no tengo nada que hacer. Sin tener algo que hacer, uno se retira. Por eso yo siento que la revista me hará mucho bien. Es un empuje hacia delante y es mi propio negocio. Me gustaría tener un cuarto para rentar, para hacer mis aseos personales, y cubrir los gastos de la artesanía que hago con mis propias manos.

Estoy contento de tener una esquina. Quiero que haya más respeto hacia los discapacitados a nivel distrito. Todo es delito al ganarse la vida en la vía pública. Esta revista es un motivo para salir, aun con una enfermedad. Es una forma de demostrarte a ti mismo que así como te destruyeron desde niño, así tienes que tener el valor para salir adelante.

Atentamente,
Un ciudadano más del Distrito Federal