Yo nací en Oaxaca, en Paso del Águila. Estaba muy bien ahí, trabajaba en el campo y llegué a tener 25 cabezas de ganado. Decidí venirme al D.F. porque, cuando crecieron todos mis hijos, cada quien agarró para su lado. Me separé de mi esposa y ella se quedó en la casa; entonces pensé: “Pues voy a caminar, ya no tengo responsabilidad, ya no hay hijos chicos”.

Al principio estuve por Texcoco con mi hijo y su esposa, pero después me aburrí. No quería incomodarlos y decidí: “Mejor me voy”. Estuve ocho días en la calle, en San Lázaro y por el centro; luego unos cuates me sugirieron que fuera a Coruña. Ahí conocí a Mi Valedor y a otros vendedores de la revista. Me siento a gusto porque ya no estoy vagando nada más, me mantengo trabajando. Me gusta comer, comprar comida, entonces de ahí saco para echarme un taco y un refresco. Esta divertido; como digo a los clientes: “Es todo actual, nada de hace 100 años”. A veces se identifican con algunos lugares que salen en la revista, y eso me permite platicar con la gente.