Yo nací en el D.F. Vengo de una familia humilde. Tengo a mis hermanitas y en un momento vivimos unidos como familia. Mi papá era alegre y cariñoso, pero tengo recuerdos de su ebriedad y la violencia que ejercía contra mi mamá mientras estaba alcoholizado.

Llegué a la calle por primera vez a los 11 años. Recogía tubos de plástico. Tuve que juntar para comprarme una caja de chicles, un paquetito de alegrías, o lo que fuera para poder ser comerciante. He vendido dulces de todo tipo desde la adolescencia, soy un chico trabajador.

Me está gustando vender Mi Valedor. Al principio me daba mucha pena, pero decidí aventarme para sacar los gastos y ayudarle a mi familia. Ahora me siento motivado y a gusto conmigo mismo. Me gusta sentir que soy mi propio patrón; con Mi Valedor puedo ser empresario. Además, me siento arropado con mis nuevos compañeros. Todos nos estamos ayudando. Me sentí muy feliz cuando me dieron el gafete. Ya soy parte de algo: parte del grupo de la revista.

Lo que yo quisiera tener en la vida es una compañera y casarme, porque soy soltero, pero me chiveo. Quisiera que mi compañera me quiera, me comprenda. Quiero comprarle una casa con muebles y vivir ahí los dos juntos. Hacer una nueva familia, y que no quiera separarse de mí porque me quiere mucho. Yo soy noble, gentil y caballeroso. Mi mamá me dijo: “Oye, Manuel, pero tienes que trabajar primero, para que tú tengas dónde meterla, comprarle ropa; tienes que mantenerla, respetarla”. Entonces, quiero seguir trabajando. Por último, quisiera tener un carro. [Así] puedo llevar a mi compañera al cine, a un restaurante, comprar su despensa. He escuchado muchas veces en el radio y en la tele que “familia, sólo hay una”.