El Papa Francisco rara vez concede entrevistas, pero la oportunidad de dirigirse a los periódicos internacionales de la calle fue suficiente para persuadirlo de que INSP (Red Internacional de Periódicos de la Calle) valía un hueco en su agenda ocupada. Entonces, el 27 de octubre, el antes vendedor de periódicos de la calle, Marc, se sentó con el líder de los 1.2 mil millones de católicos en el Vaticano. Los periodistas holandeses Stijn Fens y Jan-Willem Wits acompañaron al vendedor de The Straatnieuws. En una entrevista que cubrió amplios temas, el Santo Padre se sinceró con ellos con respecto a su niñez en Buenos Aires, su vida en Roma y su falta de destreza para el fútbol. –Por Stijn Fens & Jan-Willem Wits


El Papa Francisco conoce a Marc, ex-indigente y vendedor del periódico callejero holandés Straatnieuws. Foto: Frank Dries, Straatnieuws / INSP

Es temprano cuando llegamos a la entrada del servicio del Vaticano, a la izquierda de la Basílica de San Pedro. Se informó a los Guardias Suizos de nuestra llegada y nos dejan pasar. Nos dirigimos a la Casa de Santa Marta porque allí es donde vive el Papa Francisco. Muy probablemente, la Casa de Santa Marta es el hotel tres estrellas más exclusivo en el mundo. Un gran edificio blanco donde residen los cardenales y obispos mientras prestan servicio o visitan el Vaticano, también es la residencia oficial de los cardenales durante el Cónclave.

Aquí también nos están esperando. Dos mujeres detrás del mostrador de recepción, como en cualquier hotel, nos indican con amabilidad una puerta lateral. La sala de reuniones ya ha sido preparada. Es un espacio bastante grande, con un escritorio, un sofá, mesas y sillas y es la sala de reuniones del Papa durante la semana. Luego comienza la espera. Marc, el vendedor de Straatnieuws, es el más paciente de todos nosotros, esperando sentado en su silla por lo que vendrá.

Repentinamente, aparece el fotógrafo oficial del Papa. “El Papa está llegando”, susurra.

Y antes de que nos demos cuenta, entra en la sala: El Papa Francisco, el líder espiritual de 1.2 mil millones de Católicos. Trae con él un gran sobre blanco. “Por favor, siéntense amigos”, nos dice con un amable movimiento de mano, “Qué agradable es tenerlos acá”. De cerca, da la impresión de un hombre calmo y amigable, que al mismo tiempo es energético y preciso. Una vez que nos sentamos, se disculpa por hablar italiano en lugar de holandés. Lo disculpamos inmediatamente.

Red Internacional de Periódicos de la Calle: Las entrevistas de Straatnieuws siempre comienzan con una pregunta sobre la calle en donde el entrevistado creció. Santo Padre ¿qué recuerda de esa calle? ¿Qué imágenes vienen a su mente cuando recuerda las calles de su niñez?

Papa Francisco: Desde que tenía un año de edad hasta que ingresé en el seminario, siempre viví en la misma calle. Era un barrio simple en Buenos Aires, con casas de uno o dos pisos. Había una pequeña plaza donde jugábamos fútbol. Recuerdo que solía escabullirme de la casa para jugar fútbol con los niños luego del colegio.

Mi padre trabajaba en una fábrica que estaba a solo unos cientos de metros de distancia. Él era tenedor de libros. Y mis abuelos vivían a 50 metros. Estábamos a solo metros de distancia. También recuerdo los nombres de las personas a quienes fui a darle los sacramentos como sacerdote, el consuelo final para tantos que me llamaban y yo iba, porque los amaba. Estos son los primeros recuerdos que vienen a mi mente.

¿También jugaba al fútbol?

Sí.

¿Era bueno?

No. En Buenos Aires, aquellos que jugaban al fútbol como yo, los llaman pata dura. ¡Lo que significa tener dos piernas izquierdas! Pero de todas maneras jugaba; por lo general era portero.

¿Cómo comenzó su compromiso personal con los pobres?

Sí, tantos recuerdos vienen a mi mente. Viene a mi mente una mujer que trabajaba en nuestra casa tres veces a la semana para ayudar a mi madre. Ella ayudaba con el lavado de la ropa, por ejemplo. Tenía dos hijos. Eran italianos y había sobrevivido a la guerra; eran muy pobres pero eran muy buena gente. Y nunca olvidé a esa mujer. Su pobreza me impactó.

Nosotros no éramos ricos, normalmente llegábamos a fin de mes, pero no mucho más. No teníamos un automóvil, no nos íbamos de vacaciones o ese tipo de cosas. Pero normalmente ella necesitaba incluso las cosas más básicas. No tenían demasiado y entonces mi madre le daba cosas. Con el tiempo, volvió a Italia y luego volvió a la Argentina. La encontré nuevamente cuando yo era Arzobispo de Buenos Aires, y ya tenía 90 años. Pude ayudarla hasta su muerte, a los 93 años.

Un día, ella me dio una medalla del Sagrado Corazón de Jesús que todavía llevo conmigo cada día. Esta medalla, que también es un recuerdo, es muy buena para mí. ¿Le gustaría verla? [Con un poco de dificultad, el Papa Francisco logra sacar la medalla, ahora completamente descolorida luego de años de uso.] Con esto, pienso en ella todos los días y en cómo sufrió la pobreza. Y pienso en todos los demás que han sufrido. La traigo conmigo y la uso para rezar…

¿Cuál es el mensaje de la Iglesia para aquellos que están sin hogar? ¿Cuál es el significado concreto de la solidaridad cristiana para ellos?

Dos cosas vienen a mi mente. Jesús vino a nuestro mundo sin hogar, y eligió la pobreza. Luego, la Iglesia busca aceptarnos a todos nosotros, y dice que está bien tener un techo. Los movimientos populares trabajan por las tres ‘t’ en español: trabajo, techo y tierra. La Iglesia nos enseña que cada persona tiene derecho a estas tres t.

Usualmente se pide mayor atención para los pobres y los refugiados. ¿No tiene miedo que esto pueda conducir a una especie de saturación en los medios y en la sociedad en general?

Todos tenemos la tentación, cuando tenemos que enfrentarnos a un problema que no es agradable, es difícil de hablar, decir: “Oh, no hablemos más de esto: esto es simplemente demasiado difícil”. Entiendo que existe la posibilidad de saturación, pero no tengo miedo de ello. Debo continuar hablando la verdad y sobre cómo son las cosas.

¿Es su deber?

Sí, es mi deber. Lo siento dentro de mí. No es un mandamiento, pero como individuos todos debemos hacerlo.

¿No tiene miedo que su apoyo a las personas sin hogar y a otros grupos afectados por la pobreza pueda ser explotado políticamente? ¿Cómo puede hablar la Iglesia para tener influencia y, al mismo tiempo, lograr conducir sin que la política influya?

Hay caminos que conducen a errores a esa altura. Me gustaría señalar dos tentaciones. La Iglesia debe hablar con la verdad y también con un testimonio: el testimonio de la pobreza. El creyente que habla de pobreza o de personas sin hogar, pero que vive una vida de lujos: eso no puede ser. Esa es la primera tentación.

La segunda tentación es hacer acuerdos con los gobiernos. Ciertamente, se puede realizar acuerdos, pero deben ser acuerdos claros, transparentes. Por ejemplo, gestionamos este edificio, pero las cuentas están muy controladas para evitar la corrupción. Porque la tentación de corrupción siempre está presente en la vida pública. Tanto política como religiosa. Recuerdo que una vez vi, con mucho dolor, cuando la Argentina bajo un régimen militar entró en guerra con Gran Bretaña por las Islas Malvinas, que la gente donaba cosas para caridad, y vi mucha gente, incluidos los católicos, que eran responsables de distribuir esas cosas a la gente necesitada, y en lugar de eso, se llevaban esas cosas a su casa. El peligro de la corrupción siempre está presente.

Una vez le hice una pregunta a un Ministro argentino, un hombre honesto. Uno que renunció a su cargo porque no estaba de acuerdo con ciertas cosas que no eran lo suficientemente transparentes. Le pregunté: Cuando envía ayuda, ya sean comidas, ropa o fondos a los pobres e indigentes, ¿cuánto del dinero y artículos materiales que se envían llega a aquellos que lo necesitan? Él me dijo: 35 por ciento. Lo que significa que el 65 por ciento se pierde. Eso es corrupción: un poco para mí, otro poco para mí.

¿Usted cree que hasta ahora bajo su pontificado ha logrado cambiar la mentalidad, por ejemplo en la política?

No estoy seguro cómo responder. No lo sé. Lo que sé es que algunos han dicho que yo era comunista. Pero esa categoría es un poco anticuada [se ríe]. Quizás, hoy en día, usamos palabras distintas para decir eso…

Marxista, socialista…

Han dichos todas esas palabras también.

Las personas sin hogar tienen problemas financieros, pero cultivan su propia libertad. El Papa no tiene necesidades materiales, pero algunos consideran que es un prisionero del Vaticano. ¿Alguna vez desea intercambiar lugar con las personas sin hogar?

Recuerdo un libro de Mark Twain, Príncipe y Mendigo, cuando puedes comer todos los días, tienes ropa, una cama donde dormir, un escritorio donde trabajar y no te falta nada. También tienes amigos. Pero el príncipe de Mark Twain vive en una jaula de oro.

¿Se siente libre aquí, en el Vaticano?

Dos días después de haber sido electo Papa, fui a ocupar el apartamento papal en el Palacio Apostólico. No es un apartamento lujoso. Pero es amplio, y grande… Luego de ver el apartamento, me parecía un poco como un embudo al revés, tan grande pero con solo una pequeña puerta. Eso significa estar aislado. Y pensé: No puedo vivir acá, simplemente por razones de salud mental. No sería bueno para mí. Al principio, parecía un poco extraño, pero pedí quedarme aquí, en la Casa de Santa Marta. Y esto es bueno para mí, porque aquí me siento libre. Como en el comedor donde comen todos los huéspedes. Y cuando llego temprano, como con el personal. Conozco gente, los saludo, y eso hace que la jaula de oro no sea tanto una jaula. Pero extraño la calle.

¿Extraña el contacto con la gente?

No lo extraño porque la gente viene aquí. Cada miércoles, estoy en la Plaza San Pedro para la Audiencia General y algunas veces voy a una de las parroquias locales: Estoy en contacto con la gente. Por ejemplo, ayer [26 de octubre] más de 5.000 gitanos vinieron a la Sala de Audiencias Pablo VI.

Es evidente que disfruta de sus citas en la Plaza San Pedro durante la Audiencia General…

Es verdad. Sí, es verdad.

Su tocayo San Francisco abrazó la pobreza radical, e incluso vendió su libro del Evangelio. Como Papa y Obispo de Roma, ¿alguna vez siente presión de vender los tesoros de la Iglesia?

Esa es una pregunta fácil. No son tesoros de la Iglesia, son tesoros de la humanidad. Por ejemplo, si mañana quisiera subastar La Piedad de Miguel Ángel, no podría porque no es propiedad de la Iglesia. Está ubicada en una Iglesia pero pertenece a toda la humanidad. Esto es así con todos los tesoros de la Iglesia. Pero comenzamos a vender los regalos y otras cosas que me han dado. Y el producto de las ventas se destina a Monsignor Krajewski, mi Asistente Social [Arzobispo Konrad Krajewski, que está a cargo de distribuir el dinero a los pobres]. Y también está la lotería. Había algunos automóviles que se vendieron o dieron con una lotería, y el producto de ello fue utilizado para los pobres. Las cosas que se pueden vender, se venden.

¿Se da cuenta cómo la riqueza de la Iglesia puede crear este tipo de expectativas?

Sí, si hiciéramos un catálogo de todas las posesiones de la Iglesia, podríamos pensar: la Iglesia es muy rica. Pero con el Concordato con Italia de 1929 sobre la Cuestión Romana, el gobierno de Italia le ofreció a la Iglesia un gran parque romano. El Papa en ese entonces, Pío XI, dijo: No, solo quiero medio kilómetro cuadrado para garantizar la independencia de la Iglesia. Ese principio es aún válido.

Sí, la Iglesia posee tiene una gran cantidad de activos inmobiliarios, pero los usamos para mantener las estructuras de la Iglesia y para financiar los muchos trabajos llevados a cabo en países necesitados: hospitales, colegios.

Ayer, por ejemplo, envíe €50.000 al Congo para la construcción de tres colegios en pueblos pobres; la educación es tan importante para los niños. Fui a la administración, hice la solicitud y se envió el dinero.

Marc: Hasta el 13 de marzo del 2013 era un desconocido para muchos. Luego, de la noche a la mañana, se volvió famoso en todo el mundo. ¿Cómo fue esa experiencia para usted?

Sucedió, no lo estaba esperando. Pero no perdí la paz. Y eso es una gracia de Dios. Realmente no me pongo a pensar que soy famoso. Me digo a mí mismo: Ahora tienes un puesto importante, pero en 10 años nadie te va a conocer [se ríe]. Sabe, hay dos tipos de fama: la fama de los “grandes”, aquellos que han hecho cosas verdaderamente estupendas, como Madame Curie, y la fama de los vanidosos. Pero este segundo tipo de fama es como una burbuja de jabón.

Entonces, ¿usted dice ‘Estoy aquí ahora y debo hacer lo mejor que puedo’ y ‘Voy a seguir trabajando mientras pueda’?

Sí.

Santo Padre, ¿se imagina un mundo sin pobreza?

Quiero un mundo sin pobreza. Necesitamos luchar por eso. Pero soy un creyente, y sé que el pecado siempre está entre nosotros. Y siempre hay avaricia humana, la falta de solidaridad, el egoísmo que crea la pobreza. Es por eso que me resulta difícil imaginar un mundo sin pobreza.

Si piensa en los niños explotados por trabajo esclavo, o los niños explotados por abuso sexual. Y otro tipo de explotación: matar a los niños para sacar sus órganos, tráfico de órganos. Matar a niños por sus órganos es avaricia.

Es por eso que no sé si alguna vez tendremos un mundo sin pobreza, porque siempre existe el pecado y eso conduce al egoísmo. Pero siempre debemos luchar… siempre.

Hemos terminado. Agradecemos al Papa por la entrevista. Él también nos agradece y nos dice que disfrutó mucho nuestra charla. Luego, toma el sobre blanco que había estado junto a él todo el tiempo en el sofá, y saca un rosario para cada uno de nosotros. Se toman fotos y el Papa se despide de nosotros. Se va por la puerta, tan calmo y relajado como cuando llegó.

Listo para su próxima cita.

REUTERS / Max Rossi

Cortesía de INSP Servicio de Noticias
Traducido de italiano a inglés por Traductores sin Fronteras. Traducido de inglés a español por Mara Martínez / Traductores sin Fronteras