Texto: Paula García
Foto: Rubén Coxca

Fue Coatlicue –madre de Huitzilopochtli, diosa terrestre de la vida y la muerte, madre de todos los dioses del panteón azteca– quien ordenó a las mujeres formar un ejército que exterminara al hombre blanco que había llegado a masacrar a la mujer, quien era entonces figura sagrada y sumamente respetada. Coatlicue, furiosa, vio cómo los hombres que habían bajado de los barcos violaban, mataban, derrumbaban la sacralidad de la mujer y decidió bajar a pelear con sus hijas. Después de destrozarles el miembro con lanzas de obsidiana, Coatlicue los enterró a todos bajo la piedra poderosa del volcán y dibujó un falo sobre cada cementerio como amenaza para el que se atreviera a violentar el cuerpo y alma de la mujer. Sin embargo, la epidemia de la misoginia envenenó las conciencias de los propios y la guerra de Coatlicue cayó, tras lo cual desapareció por completo el ejército de la mujer prehispánica.

Esta imagen es uno de los pocos testimonios que quedan de la revolución femenina azteca, revolución de la cual poco se habla y que comenzó con la llegada de Hernán Cortés y la cosificación de la mujer prehispánica a través de La Malinche. Cuentan las bisabuelas –que sus abuelas contaban– que la imagen que vemos en la fotografía no es un acto artístico de algún nini chilango, sino un símbolo del ejército feminista azteca que el INAH no ha querido admitir que existió. Los paisajes de aquellos ayeres lejanos se han construido por la interpretación del historiador; la versión del pasado que ya no puede narrar ninguna tatarabuela se reduce a la percepción de quien lo ha estudiado y después divulgado. Cuentan pues, que debajo de estas aglomeraciones de lava, yace un cuerpo por cada piedra volcánica. Los huesos pertenecen a soldados españoles que fueron asesinados por el frente prehispánico feminista.


Paula García (1988, @_paula_con_u). Chaparrita de oro, de voz aguardientosa, cofundadora de Mi Valedor.