Por Álvaro Céspedes
@elalvin

Fisura: apertura alargada y con muy poca separación entre sus bordes, que se hace en un cuerpo sólido.

El componente “fisura” se vuelve obvio en la sección central de la fotografía.

Tres, de hecho. Las dos primeras son las que llevaron a la inmovilización de los vehículos, uno de los cuales es lo suficientemente importante como para lavarlo.

La tercera fisura hace referencia a la sección baja de la espalda del hombre, la que parte su lomo en dos, aquella que por una cuestión freudiana causa fascinación.

Esta fisura continúa su vulgar camino para convertirse en las extremidades que, de manera contraria a los vehículos, le permiten caminar.

Bendita la evolución que nos salvó de arrastrarnos por el piso como el animal que nos llevó al pecado: la conciencia.

Más allá de lo evidente, hay más de tres fisuras implícitas en esta foto.

Clara está la fisura que nos lleva a sentirnos parte y sentirnos ajenos a una sociedad de clases, de género y de competencia.

¿Y el resanador?

El hombre busca una inspiración para unir dos o más pedazos separados e intentar que todo vuelva a cobrar un sentido que quizá nunca existió.

Así, la fisura de la definición literal de la palabra se transgrede e incorpora una naturaleza inmaterial, incluso onírica. Es aquí donde entran los tan necesitados sinónimos del concepto:

Defecto o dificultad en una cosa que puede empeorar.

Separación o desunión que se produce en algo que parecía unido y homogéneo.

Que mueran las fisuras. Que vivan las fisuras.