Imágenes: Colección Villasana-Torres
Texto: Consuelo Juárez

Para acompañar la edición de Retro Futuro, La Ciudad de México en el Tiempo nos compartió estas fotos de archivo. Agradecemos mucho su colaboración ya que sus fotografías abren diferentes horizontes sobre la memoria futurista de nuestra CDMX. En la edición impresa encontrarán éstas y más fotografías que muestran el encuentro de diversos imaginarios sobre el tiempo.

 

En 1974, clientes de una tienda de electrodomésticos se acercan con curiosidad a observar la variedad de televisores a color. A pesar de lo maravilloso de este invento no toda familia podía permitirse tener uno de esto en casa por sus elevados precios.

No se diga menos de la segunda maravilla que esta tienda ofrecía y que podemos observar al frente de la fotografía: la televisión portátil, que por su tamaño tan reducido en comparación con las demás, era el último grito tecnológico para el entretenimiento de la época.

A pesar de tratarse de una televisión portátil, la necesidad de una antena y su imagen analógica la hacen ahora parecer un juguete en comparación con la tecnología que poseemos hoy en día, en donde se nos es posible observar señales de televisión desde nuestros smartphones.

 

Este cohete espacial era la atracción principal de la zona de juegos infantiles de la primera sección de Tlatelolco. Los niños de los sesenta pasaban horas jugando seguramente a ser Neil Armstrong. Al tocar el suelo después de deslizarse por las gigantescas resbaladillas, seguramente estarían aterrizando en la luna.

Si observamos el cohete en comparación con las personas que se encontraban en el suelo, éste tenía una altura tremenda, lo cual, cuentan, fue el principal motivo para ser retirado unos años después ya que ponía en riesgo la seguridad de los niños pues al parecer, muchos se accidentaron cayendo desde las alturas.

 

La sala de exhibición de la Agencia de Autos Elegantes A.C. llamaba la atención no sólo por sus bellos automóviles, sino por su forma de platillo volador. Se ubicaba en la esquina de la avenida Cuauhtémoc y División del norte.

Esta asombrosa estructura fue demolida y en su lugar se construyó un restaurante Sanborns que sigue dando servicio.

 

Si alguien ha leído o visto Fahrenheit 451 deberá saber que no existe nada que represente mejor al progreso más que un tren que transita por las alturas. El 29 de agosto de 1981, el futuro alcanzó a la Ciudad México con la inauguración de la línea 4 del Metro, la primera que realizaría sus recorridos de manera elevada.

Los asientos fueron construidos de fibra de vidrio para reducir el peso de los trenes. Las estaciones elevadas son Talismán, Bondojito, Morelos, Canal del Norte y Consulado. La terminal Martín Carrera es, sin embargo de tierra.

 

La visión futurista del mundo tuvo también un gran impacto en la publicidad y ¡qué publicidad! En la década de 1930, en una de las ediciones de la feria de tecnología que se organizaba año con año en el centro de la capital, un tipo de arco triunfal se alzó en la entrada de la calle de Madero.

Los arcos triunfales no eran nuevos pero sí aquél diseño: un robot sostenía un gran teléfono. Ésta fue la gran idea publicitaria de Ericsson para promocionar la llegada al mercado de su nuevo modelo de teléfono. La gran figura pretendía hacer referencia a los avances tecnológicos que ya se llevaban a cabo en Europa; además trae a la memoria imágenes de un futuro imaginario retratado en la película Metrópolis de 1937.

 

Otro ejemplo  sobre la publicidad “futurista” es la de los carros deslizadores de juguete conocidos como “Avalancha”. Sus carteles no sólo parecían anuncios de cine, sino que iban dirigidos a los “futuros pilotos”, pues seguramente el imaginario infantil de la segunda mitad del siglo pasado, estaba plasmado de ideas sobre volar por el espacio exterior. Además, quien manejaba el carrito en los anuncios, no era un niño, sino un robot.

 

En lugar de las horribles cabinas telefónicas de hojalata que hoy adornan la Ciudad de México, en la década de 1980 fueron colocadas estos elegantes teléfonos en las esquinas de la capital. Llama la atención su atractivo diseño que parecería inspirado en cualquier máquina que la familia Sónico usara en los Supersónicos.

 

Conocido como “El Moro” el edificio que alberga las oficinas de la Lotería Nacional, ubicado sobre Paseo de la Reforma es uno de los mejores ejemplos del Art déco en la Ciudad y uno de los primeros rascacielos que se construyeron en la capital.

En sus primeros años de vida, durante la década de los 50 al edificio lo coronaba una antena gigantesca pues desde ahí se transmitía una de las primeras señales televisivas en México dando asilo entre sus muros a las oficinas del canal 4.

La gigante antena logró que en ese entonces el edificio aumentara de tamaño llegando a los 100 metros de altura.