Traducción: María San Juan Sánchez
Cortesía de Street Sense / INSP.ngo

Connie Porter es una vendedora de Street Sense Media que vive en Washington D.C. y a la que los lugareños llaman «La señora de los gatos». Durante los últimos cinco años, ha estado cuidando de la gran población de gatos callejeros de la ciudad y ha trabajado con Humane Rescue Alliance (Alianza de Rescate Compasiva) para capturar a los animales, castrarlos y volver a dejarlos en libertad. Cuidar de estos animales callejeros ha ayudado a Connie a enfrentarse a sus propios retos y encontrar un propósito en la vida.
De Charles Mccain

«Me siento una privilegiada por servirles. Incluso he enterrado a algunos de ellos», afirma Connie, conocida por muchos en Washington como «La señora de los gatos». Empezó su misión el 13 de julio de 2013, cuando encontró una gran colonia de gatos callejeros en el sudeste de Washington D.C. Empezó a alimentar a los gatos y notificó a la Sociedad Humane de Washington (actualmente Humane Rescue Alliance), que empezaron a capturarlos, castrarlos y volverlos a dejar en libertad.

«Siento compasión por estos gatos», me dice. «No tienen las alternativas que tiene la gente». Connie sabe que, aunque no tenga casa, puede ir al hospital si está enferma, a una iglesia para comer y se puede quedar temporalmente con familiares y en refugios para personas sin hogar. «Los gatos no pueden hacer eso», sostiene. Por haber vivido en la calle, tiene una gran empatía con los gatos callejeros: «Si consigo un hogar para un gatito, entonces pueden tener una casa, una casa real, antes de convertirse en gatos callejeros».

A veces, la gente se enfada con ella por alimentar a gatos callejeros. Hace dos años, estaba dando de comer a unos gatos callejeros en una pequeña colonia al sudeste de Washington D.C. Solo podía llegar a donde estaban a través de un callejón, de los muchos que hay en Washington. Por ser callejones que utilizan para recoger la basura los camiones de los servicios de limpieza, son públicos. Un día, un hombre cuya parte de atrás de su casa daba a este callejón se enfrentó a ella y le dijo que dejara de alimentar a los gatos y de usar el callejón.

Ella le recordó que el callejón no era propiedad privada y que los gatos salvajes están protegidos por la ley de Washington. Como respuesta, él le roció agua en la cara con una manguera. Connie llamó a la policía. Al llegar, los agentes de la policía metropolitana explicaron que matar gatos callejeros o impedir que alguien alimente a los gatos va en contra de la ordenanza municipal. Le dijeron al hombre que, si volvía a hacerle algo a ella, como echarle agua a la cara con una manguera del jardín, le arrestarían. Dejó de molestarla.

En 2008, se enmendó la Ley de Control Animal de Washington D.C. de 1979 para promover una política de «capturar-castrar-devolver»; concretamente, el código municipal cambió para apoyar el «uso de las prácticas de capturar, esterilizar o castrar y devolver como forma de controlar la población de gatos callejeros; siempre y cuando hagan todos los esfuerzos por adoptar un gatito capturado y domesticable».

Esto se ha convertido en objeto de gran controversia. Biólogos locales estiman ahora que hay 40 000 gatos callejeros en Washington y algunos alegan que esta ordenanza es responsable de ello. Según el biólogo Dan Rauch del Departamento de Energía y Medioambiente del distrito, citado en la historia de la cadena WJLA en la historia de febrero de 2017: «Va a llegar a un punto crítico». Rauch afirmó que los gatos callejeros y las especies autóctonas de Washington no pueden coexistir, señalando que «Ciento treinta especies de pájaros, pequeños mamíferos, anfibios y reptiles [están] en el Arboreto Nacional de los Estados Unidos y están en peligro».

Organizaciones que tienen distintas posturas acerca del problema discrepan vehementemente sobre el efecto de la ordenanza, así como del número de gatos callejeros. «Es imposible decir el número de felinos de la ciudad», asevera Lauren Lipsey, vicepresidenta de programas comunitarios en Humane Rescue Alliance. El nivel de desacuerdo sobre el número de gatos callejeros es tal que, en los próximos tres años, una organización conocida como Project Synopsis, financiada por un grupo de conservación de la naturaleza y de los derechos de los animales, va a gastar 1,5 millones de dólares a «D.C. Cat Count» (Washington Recuento de Gatos).

Connie se mantiene al margen de cualquier controversia. Se centra en alimentar a sus gatos y recuerda a todo el mundo que son gatos callejeros, no gatos caseros domesticados. No se deben acariciar porque, si se hace, probablemente lo perciban como un ataque y arañen y muerdan. Le da un nombre a cada gato según su temperamento o personalidad y, una vez confíen en ella, irán cuando les llama. Alimenta hasta 63 gatos al día, siete días a la semana, y por ello, los gatos empiezan a reconocerla rápido. Van hasta ella para restregarse contra sus piernas.

«Hay tal variedad de gatos que es increíble», dice. «Persa azul, gato bengala, gatos de pelo largo ¡Todos los tipos!» Solo puede alimentarles durante el día porque los depredadores salen de noche, como los mapaches (normalmente con la rabia), algún zorro e incluso comadrejas. Todos pueden ser peligrosos, afirma, no solo para los gatos, sino para ella. Otros depredadores son los perros y, por supuesto, la gente.

Connie identifica colonias de gatos callejeros e informa de su localización a la agencia correspondiente. Además, para reducir la población de gatos callejeros, pone trampas compasivas, en las que deja atún o sardinas como cebo. Después de que Connie capture un gato, contacta con Humane Rescue Alliance de Washington. Los empleados entrenados responden y se llevan al gato al hospital veterinario donde se esteriliza a los gatos y se comprueba que no tengan el virus del moquillo o la rabia. De acuerdo con la ordenanza de Washington, Humane Rescue Alliance tiene una política de capturar-castrar-devolver.

Connie está entregada a su trabajo de alimentar a los gatos callejeros que están diseminados en tres de los cuatro cuadrantes de Washington D.C. Paga la comida de gato y los gastos de transporte, así como un gel especial que pone en la espalda y cuello de sus gatos para combatir pulgas, garrapatas y mosquitos. Esto llega a la suma de varios cientos de dólares al mes y lo paga con su pequeña ayuda por discapacidad.

En un momento horrible de su vida hace algunos años, Connie perdió su cámara, en la cual había 11 000 fotografías de gatos y de su familia. Sufre brotes de depresión y se deprimió tanto por la pérdida de estas fotografías que se planteó suicidarse. Pero continuaba preguntándose quién cuidaría de sus gatos si se matara. Nadie. Porque su familia más cerca murió menos su hija, los gatos que Connie alimenta son su familia. «Cuando [yo] alimento a los gatos, no hay humanos ni ruido», dice. «Es tranquilo».

Connie se ha apuntado a la siguiente ronda del curso de Educación para el comprador de propiedad para que le ayude a comprar una casa, que quiere convertir en un santuario para gatos. «Incluso cuando muera, los gatos tendrán un sitio al que ir», afirma. «Será mi legado para ellos».