Marco Antonio Munguía Montiel

Marco Antonio Munguía Montiel

Tenía 30 años cuando perdí a mis padres. Me tocó cuidarlos hasta que fallecieron, y entonces comenzaron a surgir un montón de cosas. Mi hermana habló unas cosas horribles de mí; vecinos, familiares y amigos me dieron la espalda. Los mafiosos de la colonia me empezaron a ver solo y a agredirme y hacer cosas para quedarse con la casa, de tal manera que hace diez meses nos refugiamos en la calle. Yo sé que no es un hogar, pero fue una especie de salida fácil para la preservación de este par de bolas de pelos.

La calle es una cuestión muy densa; como diría la canción de Guns N’ Roses, “Welcome to the Jungle”, pues ¡bienvenidos a la jungla! Solo los campeones triunfan. No quiero sonar como Darwin, pero la calle es para quien más se adapta a las cosas para poder salir adelante y evolucionar. De cierto modo agradezco a la calle; me formó de algún modo: no como delincuente, para mí quien dice que la calle lo hace a uno delincuente se equivoca. ¿Cuántos políticos no han pasado por la calle y son licenciados, ya tienen maestría o doctorado, pero son rateros? La calle a mí me está haciendo ser voceador, ser un valedor. Me gustaría poder decir algún día: “Sí, he estado en la calle, pero ya lo sobreviví. ¡Ya no soy de la calle!”.

Ahorita que estamos preparando la edición de “Vecinos”, me doy cuenta de que soy otro vecino más de la calle, y un artista. Me he sentido bien en Mi Valedor. Los demás valedores son una especie de familia alterna; nos han adoptado como un valedor más. Estoy luchando y estoy obteniendo resultados. Ya dejé el alcoholismo también, ya digo: “Vamos, vamos a platicar con los valedores”. Estoy reinsertándome en la sociedad y estoy volviendo a confiar en las personas: eso es un triunfo. Es un apapacho moral el decir: “Sí, sí puedo. La gente me está aceptando de nuevo”, solo me están dando ciertos lineamientos, ¡además me están dando el material! Luego, lo que yo haga, depende de mí.

Me pienso superar, estabilizarme económicamente, para tener la oportunidad de retomar otra vez la medicina alternativa y tal vez estudiar antropología. Ha sido mi sueño desde los 19 años: hacer prácticas, ir a investigar a poblados, ir a excavaciones.

Valkiria es como mi hija peluda; dicen que somos la generación de tener hijos de otras especies. Con todo el ajetreo que hemos tenido en estos meses, yo creo que una persona ya me hubiera dicho desde hace mucho: “No, Toño, tu chinchín tu mocho, yo me voy por mi lado”, ¡pero ella no se va! Cuando estoy deprimido la abrazo. Ahora ella es la que me ama, y por ella no me dejo vencer. Es toda mi familia y, ¡caray!, vamos adelante. Vamos a seguir juntas las dos bolas de pelos.

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28. Por debajo del agua
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