Texto: Sofía Serrano y Andrés Vargas “Ruzo”
Foto: Delphine Tomes 

En la escuela te enseñan a los principales dioses mexicas. Tienes a Huitzilopochtli, el dios supremo, protector y patrono de los aztecas. Está también Quetzalcóatl, la serpiente emplumada. ¿Y cómo olvidar a Tláloc, dios de la fertilidad, la lluvia y, recientemente, el tráfico? Pero nunca te enseñan que los mexicas tenían una deidad de la pura “gozadera”, del placer y el éxtasis.

A mediados del siglo pasado se extrajo una estatua prehispánica de Tlalmanalco, un pueblo a las faldas del Popocatépetl. Se trataba de un pequeño hombre sentado con las piernas cruzadas sobre una especie de pedestal, con la cabeza inclinada hacia arriba, la boca abierta y los brazos medio extendidos a la altura del pecho. Sobre su cuerpo notaron distintas flores talladas.

La escultura es la representación del dios mexica Xochipilli, también conocido como el “dios o príncipe de las flores”. Hoy en día se encuentra en el Museo Nacional de Antropología y, de acuerdo con los registros, corresponde al dios de la nobleza, patrono de la música, la cosecha y los placeres. Su cuerpo está adornado con flores que poseen propiedades psicotrópicas; o sea, está tapizado de drogas. En términos coloquiales, Xochipilli es el dios de la gozadera. El dios que no te enseñan en la escuela.

Después del descubrimiento de la estatua, muchos investigadores se dieron a la tarea de identificar las flores que cubren su cuerpo. Además del tabaco, hallaron la planta de donde proviene la semilla Ololiuhqui, también conocida como “Semillas de la Virgen”, uno de los principales alucinógenos sagrados de los chinantecos, mixtecas, mazatecos y zapotecas. Algo así como una versión orgánica, natural y prehispánica del LSD.

Uno de los investigadores interesados en Xochipilli fue Gordon Wasson, quien afirma que la estatua no solo nos muestra las plantas psicotrópicas, sino que el dios en sí mismo está representado bajo la influencia de las drogas. Asimismo, nos explica que la estatua lleva una máscara que muestra la enajenación del personaje: “la ebriedad sagrada”. Dentro de esta reinterpretación, Wasson nos dice que “La esencia de la estatua es el éxtasis”.

Pero parece que el éxtasis de Xochipilli no viene solo de las drogas; también proviene del placer carnal. Hay quienes afirman que además de ser el patrono de las flores, era el patrono de los homosexuales y prostitutos dentro de la cultura mexica. Esta práctica presuntamente heredada de la cultura tolteca aparece en los registros de los españoles en la conquista.

Xochipilli viene del náhuatl “xóchitl” que significa flor y “pilli” que se refiere a un niño o infante de alta cuna, de ahí la traducción “príncipe de las flores”. Por otro lado, existen registros de la palabra “xochíhua” que suele traducirse como homosexual o pervertido, pero que literalmente significa “el que porta la flor”.

Conocer la realidad de Xochipilli y su relación con las drogas y la homosexualidad es difícil, puesto que muchos testimonios están incompletos o fueron censurados por los españoles. ¿Será por ello que no sabemos mucho de nuestro dios de la gozadera?


Sofía Serrano es estudiante de Comunicación y joven aprendiz en Puentes.mx
Andrés Vargas “Ruzo”. Locutor y comentarista interesado en generar conversaciones significativas sobre ciencia, música, sustentabilidad, marihuana y cultura pop. Entusiasta del cielo nocturno, los gatos y Los Simpson (hasta la temporada 9). Es director de Puentes @puentesmx