Texto: Andrés Mesa @amesaz
Obra: Diego Narváez
Fotos: Fernando Etulain

Dibujamos en gris imaginándonos los colores. Coloreamos en papel, con la imaginación de los anteriores. Remendamos con hilo de esperanza y sanamos con presencia ante la ausencia. Levantamos de las ruinas las canciones, las recetas, las pantuflas, el café y lo rotos corazones.

Despertamos de la simulación a abrir los ojos y acaparar las emociones, a cerrar la boca, a callar la mente, a estirar los brazos, a escuchar y entonar en unísono: las oraciones y los abrazos.

Derroímos los conflictos, hilamos treguas de hermandad y pausamos por unas horas: la construcción sin dirección de la soberbia, la mobilización tectónica de la desigualdad y los cimientos impares del egoísmo.

Callamos, observamos, palamos, construimos y nos escuchamos, en silencio, nos escuchamos. Siendo hermanos del mismo trauma y siendo el trauma del mismo aura.

Después en el silencio, en el holísmo lúgubre y en el sentido quitado-de-dirección: respiramos y diseñamos masivamente; una conciencia desprendida, solidaridad icónica, hermandad y generosidad. Descubrimos nuevos lazos y enmarcamos en victoria la nueva edificación de nuestra(s) generación(es): gracias.

Edificamos gracias. La gracia de descubrirnos juntos de nuevo, de encontrarnos vivos de nuevo, de respirar y estirar nuestros brazos. La gracia de vernos intactos, asustados pero completos, asustados pero dispuestos, asustados pero de pie.

Edificamos gracias en memoria de los caídos, en la agonía de lo perdido y en la desesperación de lo obstruido. Edificamos gracias en la comunicación inmediata, en la reacción inmediata y en la angustia con la ausencia de la inmediatez.

Edificamos gracias y gracias por edificar. Gracias por demostrarnos que la vida respira y se mueve, que la fragilidad es como las mañanas y sale todos los días; algunas te atrapa, otras te mueve. Gracias por que los minutos cuentan y los segundos destruyen, gracias por que todo el tiempo también se construye.

Edificamos gracias en reconocernos dichosos, en descubrirnos suertudos y también en sentirnos dolidos: por lo nuestro, por lo tuyo.

Gracias por edificar con el espíritu solidario una nueva conciencia, gracias por sacudir la normalidad y poner en perspectiva que el regalo de vivir nos dignifica y que los segundos de sobrevivir nos magnifican.

Gracias al fin por escuchar en el silencio, y por callar en el estruendo, edificando en el argumento un día nuevo de hermandad, un día más que agradecer por respirar.